Memoria, gratitud y esperanza en el 35.º Aniversario de la Independencia de Ucrania

Posadas, 24 de agosto de 2026

El lunes 24 de agosto, el Instituto Superior San Basilio Magno y la Asociación Cultural Ucraniana «27 de Agosto» celebraron en Posadas el Trigésimo Quinto Aniversario de la Independencia de Ucrania con un acto que fue, al mismo tiempo, un tributo a las Hermanas Basilianas que llegaron desde Ucrania a la Argentina hace 87 años.

El SUM del Instituto reunió a autoridades provinciales y municipales, representantes diplomáticos, miembros de la colectividad ucraniana, docentes, alumnos y familias. El acto contó con la presencia de Su Excelencia Reverendísima Monseñor Daniel Kozelinski, Obispo Eparca de los Ucranios en la Argentina.

Una fecha triple

El 23 de agosto de 1939 las primeras Hermanas Basilianas pisaron suelo misionero. El 24 de agosto de 1991 Ucrania proclamó su independencia. El 27 de agosto de 1897 llegó a Apóstoles el primer contingente de inmigrantes ucranios. Agosto concentra, para esta comunidad, la memoria de todo su origen.

Lo dijo con precisión el señor Jorge Balanda, Vicepresidente de la Representación Central de los Ucranios en la República Argentina, en un discurso que marcó el tono de la jornada: «Este mes de agosto guarda misterios sagrados para nuestra comunidad. Encierra fechas que ya son parte de la historia viva y latente de Misiones.»

Las pioneras

Balanda habló de las hermanas con la voz de quien las conoció. Recordó que llegaron «con las valijas cargadas de fe, pero completamente desprovistas de certezas materiales», que se metieron en las picadas de Misiones para catequizar, consolar y abrir las primeras aulas, y que su evangelización «no fue de palabras frías; fue un abrazo encarnado en las necesidades de nuestra gente.»

Tuvo palabras especiales para la Hermana Rafaela, a quien atribuyó la introducción de la danza ucraniana en la región: «Su siembra sigue floreciendo hoy en cada pirueta, en cada sonrisa de estos jóvenes, logrando una inmortalidad que trasciende el tiempo.»

Desde Kyiv

El Padre Aníbal Soutus, misionero en Ucrania, envió un mensaje grabado frente a la Catedral Patriarcal de Kyiv. Hizo un recorrido histórico por la obra basiliana, animó a las hermanas a permanecer fieles a su tradición, y recordó con gratitud cómo, de niño, una hermana le abrió con unas pocas palabras la puerta al misterio de Dios.

El video y las hermanas de Ucrania

Se proyectó el video Vinieron en nombre de Dios, que recorre la historia de las siete Hermanas Basilianas venidas de Ucrania y muestra el trabajo que sus hermanas realizan hoy allá: en Slovita —el monasterio donde la Madre Sofronia entró en 1900, devuelto a la Orden en 2018—, en Kyiv, en Zaporiyia, a treinta kilómetros del frente, y en otras comunidades.

«Rezar por Ucrania hoy, y desgastarnos por mantener su legado aquí, es nuestro deber más sagrado», afirmó Balanda.

Música y un proyecto legislativo

El Coro del Instituto Superior San Basilio Magno interpretó Da pacem Domine y Ukraina, obras que el público recibió con gran emoción.

La Diputada Provincial Alicia Beatriz Zalesak hizo entrega del proyecto legislativo para declarar cada tercer jueves de mayo como el Día del Inmigrante Ucraniano y sus Descendientes en Misiones, recibido por el señor Cónsul Diego Muruniak y el señor Sergio Maczemchuk.

Monseñor Kozelinski presidió la oración y bendición final.

«El mejor homenaje que podemos rendirles no son las palabras que el viento se puede llevar. El verdadero homenaje es la acción de cada día.» — Jorge Balanda

Querida comunidad, autoridades, docentes, alumnos y hermanos de esta amada diáspora ucraniana:

Estar hoy aquí frente a ustedes es mucho más que cumplir con una alta responsabilidad institucional. Aunque me toca dirigirles la palabra como vicepresidente de la Representación Central de los Ucranios en la República Argentina y como parte de la Asociación Ucraniana «27 de Agosto» de Posadas, quiero hablarles despojándome de los títulos. Quiero hablarles con el corazón de alguien que vio fundarse y crecer este colegio, que fue testigo directo de las manos laboriosas de las hermanas y que lleva en el alma, de manera fecunda, todo lo que ellas supieron transmitirnos.

Hoy nos convoca la memoria viva, la gratitud profundamente cristiana y ese orgullo que nos infla el pecho al mirar hacia atrás para entender, por fin, quiénes somos. Nos reunimos para rendir un tributo emocionado y justo a un grupo de mujeres excepcionales: las religiosas ucranianas de la Orden de San Basilio Magno. Su llegada a nuestra querida tierra colorada cambió para siempre el destino civil, espiritual y educativo de la provincia de Misiones.

Cuando miramos el presente, vemos obras gigantes. Pensamos en el Colegio Cristo Rey de Apóstoles, en el San Basilio Magno de Posadas, en el de la ciudad de Berisso; escuelas prestigiosas, respetadas y llenas de vida. Pero para entender la verdadera magnitud de este milagro, debemos viajar en el tiempo. Debemos volver a los días de la siembra silenciosa, del frío, de la distancia y del sacrificio absoluto.

Estas hermanas llegaron con las valijas cargadas de fe, pero completamente desprovistas de certezas materiales. Se metieron en las picadas profundas y en los pueblos nacientes de Misiones para iniciar una tarea titánica que desbordó por completo las paredes de las capillas. Su evangelización no fue de palabras frías; fue un abrazo encarnado en las necesidades de nuestra gente.

Ellas sanaron a los enfermos, consolaron los ojos llenos de lágrimas de los afligidos y sostuvieron los hombros cansados de aquellas familias de colonos que desafiaban una geografía nueva, extraña y salvaje. Eran la voz de aliento que hacía menos dura la vida en las humildes chacras de la zona sur. Su generosidad fue tan inmensa que abrieron las puertas de las aulas a las hijas de los colonos, transformando su futuro sin pedir jamás nada a cambio.

Entendieron que la verdadera libertad se construye con un lápiz y un cuaderno. Fundaron escuelas de vanguardia donde, además de ciencias y letras, nos enseñaron el valor inquebrantable de la resiliencia, la cultura del trabajo y el amor al prójimo. Estas instituciones son hoy faros de luz que formaron a generaciones de hombres y mujeres de bien que hoy guían nuestra sociedad.

Pero hay algo más profundo aún: ellas se convirtieron en las guardianas celosas de nuestra identidad. Mantuvieron encendido el fuego sagrado de nuestro idioma, de nuestras tradiciones y de nuestros cantos litúrgicos, logrando fusionar la herencia ucraniana en un abrazo fraterno y eterno con la esencia del ser misionero.

Permítanme detenerme un segundo y mirar este mismo espacio. Al contemplar a estos niños y jóvenes que hoy visten con orgullo sus trajes típicos, a nuestros grupos de danzas, debemos saber que esta postal no es un hecho del azar. Hace más de sesenta años, una de las religiosas que hoy vive en nuestro recuerdo sembró la primera semilla de la danza ucraniana en esta región. Fue ella quien nos tomó de la mano cuando éramos chicos para enseñarnos los primeros pasos; fue ella quien enseñó a nuestros cuerpos a sentir la música de los ancestros. Me refiero a nuestra inolvidable y querida hermana Rafaela. Su siembra sigue floreciendo hoy en cada pirueta, en cada sonrisa de estos jóvenes, logrando una inmortalidad que trasciende el tiempo.

Sin embargo, la historia de nuestras religiosas y de la diáspora en Misiones nunca estuvo aislada del mundo. Es una historia tejida con los hilos dolorosos del destino de nuestra patria de origen. Las hermanas, junto a toda la comunidad de inmigrantes, sostuvieron durante décadas un puente invisible pero inquebrantable de oración, de llanto silencioso y de reclamo por la libertad de su tierra natal, sometida por tanto tiempo al yugo de la opresión y al silencio forzado.

Por eso, este homenaje nos sacude hoy con una fuerza doble. Conmemoramos también, con el alma conmovida, los 35 años de la Declaración de la Independencia de Ucrania. Aquel agosto de 1991, cuando Ucrania volvió a erguirse ante el mundo como una nación soberana, libre y democrática, el triunfo no fue solo de quienes habitaban allá. Fue el triunfo de la diáspora. Fue el triunfo de comunidades como la nuestra aquí en Misiones. Fue el logro de aquellos que, a miles de kilómetros de distancia y con el corazón partido, mantuvieron viva la llama de la ucranianidad rezando en su lengua, defendiendo sus derechos y demostrando al mundo que la identidad de un pueblo no se destruye con mapas ni con fronteras. El amor de la diáspora fue el motor invisible que protegió el espíritu de la independencia en los años más oscuros.

Hoy, a 35 años de aquel hito, esa misma fuerza espiritual se nos vuelve urgente. No podemos celebrar esta independencia sin mirar con el corazón encogido, pero lleno de profunda admiración, la realidad actual. El pueblo ucraniano sufre hoy una guerra cruel, injusta y devastadora que atenta contra su propia existencia; una agresión que pretende borrar su cultura, demoler sus ciudades y apagar para siempre su libertad.

Pero al igual que aquellas hermanas que desafiaron el monte y la precariedad para construir futuro en Misiones, el pueblo en Ucrania demuestra hoy una resistencia heroica que conmueve a la humanidad entera. La diáspora misionera no mira para otro lado ante este dolor: hoy nuestras aulas, nuestras iglesias, nuestras instituciones y nuestros hogares se transforman en trincheras de fe, de ayuda humanitaria y de denuncia. Rezar por Ucrania hoy, y desgastarnos por mantener su legado aquí, es nuestro deber más sagrado ante la barbarie.

Frente al espejo limpio del legado de nuestras queridas hermanas basilianas, renovemos nuestro compromiso. El mejor homenaje que podemos rendirles no son las palabras de este discurso que el viento se puede llevar; el verdadero homenaje es la acción de cada día. Es continuar cuidando sus colegios, seguir abrazando la educación de nuestros jóvenes, mantener el corazón abierto para los más vulnerables y sostener, con orgullo misionero y raíces ucranianas, las banderas de la paz, de la fe y de la libertad.

A las hermanas que ya partieron, les deseamos el descanso eterno en los brazos del Creador. A las hermanas que hoy continúan la obra, nuestra gratitud infinita y nuestro aplauso más cerrado y sincero.

Este mes de agosto guarda misterios sagrados para nuestra comunidad de descendientes; encierra fechas que ya son parte de la historia viva y latente de Misiones. El 24 celebramos la ansiada Independencia de Ucrania; el 27 recordamos con emoción la llegada de aquel primer contingente de inmigrantes a nuestra tierra colorada. Pero no debemos —ni podemos— olvidar que un 23 de agosto, un día como ayer, hace ya 87 años, pisaban este suelo por primera vez las Hermanas Basilianas. Una fecha grabada a fuego que define quiénes somos y que jamás dejaremos caer en el olvido.

¡Que Dios bendiga su obra, que bendiga a la hermosa provincia de Misiones, a nuestra amada Argentina, y que bendiga a una Ucrania eternamente libre, soberana y en paz!

Muchas gracias.

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